El sabio hombre santo: Cuento Zen


«La voz se propagó a través de la campiña, sobre el sabio hombre santo que vivía en una casa pequeña encima de la montaña…»


«Un hombre de la aldea decidió hacer el largo y difícil viaje para visitarlo. Cuando llegó a la casa vio a un viejo criado al interior, éste lo saludó en la puerta y le dijo:

– Quisiera ver al sabio hombre santo – le dijo al criado.
– El sirviente sonrió y lo condujo adentro.

Mientras caminaban, a través de la casa, el hombre de la aldea miró con impaciencia por todos lados en la casa, buscando al hombre santo, pero antes de saberlo ya había sido conducido a la puerta trasera, y escoltado afuera de la casa.

Se detuvo y giró hacia el criado:

– ¡Pero quiero ver al hombre santo!
– Usted ya lo ha visto – dijo el viejo – y continúo diciendo lo siguiente-

– A todos a los que usted pueda conocer en la vida, aunque parezcan simples e insignificantes… véalos, a cada uno, como un sabio hombre santo. Si hace esto, entonces cualquier problema que usted haya traído hoy aquí, estará resuelto».

Tomado de: El sabio hombre santo


OTRA VERSIÓN DEL CUENTO EL SABIO HOMBRE SANTO


Hay una vieja narración egipcia que nos cuenta la historia de un monje muy sabio y santo que vivía en el desierto, ayunaba a menudo y había abrazado la más abnegada pobreza.

Mucha gente de los alrededores lo tenía por santo, por lo que se decía que era el hombre que estaba más cerca de Dios.

Así parecía, puesto que este monje se pasaba mucho tiempo en serena contemplación y diálogo con el Señor.

Un día llegó a oídos del monje lo que la gente decía de él, y picado por la curiosidad, le preguntó a Dios:

-Dime, Señor ¿es cierto lo que la gente dice de mí, que soy el hombre más santo y el que está más cerca de ti?

A lo que el señor le contestó:

-¿De veras quieres saberlo? ¿Por qué estás tan interesado? – le pregunto Dios.

El monje le contestó lo siguiente:

-No es la vanidad la que me mueve a preguntarte esto, mi Dios, sino el deseo de aprender. Si hay alguien más santo que yo, debo ser su discípulo para saber acercarme más a ti.

Entonces, Dios le dijo: “Muy bien, baja por el sur del desierto al pueblo más cercano y pregunta por el carnicero del pueblo, él es el más santo”.

El monje se sorprendió mucho con la respuesta del Señor, pues en aquella época los carniceros gozaban de muy mala fama, sin embargo, obedeció e hizo lo que el Señor le indicó.

El monje llega a casa del carnicero

Luego de un rato caminando, llegó al pueblo y pudo observar a sus anchas al carnicero, y no encontró en él nada extraordinario. Al verlo incluso llegó a dudar, le pareció de bruscos modales, algo malhumorado y observó con preocupación, que cada chica hermosa que llegaba a la carnicería, era mirada de forma “muy directa” por el carnicero..

Cuando terminó de atender a la gente y se disponía a cerrar el negocio, el carnicero, sorprendido le pregunto que quería. El monje le contó lo que le había llevado a verlo y el carnicero se quedó más sorprendido todavía.

“Mire Padre, yo no dudo de su palabra pero me sorprende mucho que Dios le haya dicho eso, yo soy un gran pecador, aunque voy a la Iglesia no lo hago con la frecuencia con que debería. Pero en fin, mi casa es su casa “.

Y lo invitó a pasar y a comer con él, en tanto él entraba a una habitación en donde un anciano acostado en un lecho recibió todo el cuidado del carnicero, que le dio de comer en la boca y lo arropó con cariño para que durmiera.

“Perdone mi indiscreción – le dijo el monje al carnicero – ¿es su padre? “No lo es”- le respondió. “En realidad es una larga historia”..

“¿Podría contármela ?” le dijo el monje.

A lo que contestó: – a usted se la contaré pues sé que los monjes saben guardar secretos.

El Secreto

Este hombre fue quien mató a mi padre. Cuando vino al pueblo, mi primer impulso fue matarlo para vengarme pero estaba tan viejo y enfermo que sentí pena por él. Luego recordé a mi padre, que siempre me enseñó a perdonar y en su nombre decidí tratarlo con amor, como si se hubiera tratado de mi propio padre».

Tomado de: Cuento el hombre más santo del mundo

También en CAMBIA TU MUNDO: Las llaves de la felicidad: Cuento Zen

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