Buda y Ananda: Los tres peregrinos


«Durante sus últimos 25 años de vida, Buda siempre tuvo la estrecha compañía de su primo Ananda, quien se comprometió a servirle toda su vida».


Un día, mientras Buda estaba meditando en el Ashram junto a su primo Ananda, se acercó una persona y le preguntó lo siguiente:

– Maestro ¿Dios existe?

Buda observó los ojos del hombre y le contestó:

– ¡Dios no existe!

Seguido a ésto, el peregrino reverenció a Buda y se marchó.

Ananda, que estaba junto a él, escuchó todo.

Al poco tiempo, un segundo peregrino se acercó a Buda y pidió hacerle una pregunta.

– Maestro ¿Dios existe? dijo el hombre.

Buda lo observó brevemente y le contestó:

– ¡Sí, Dios existe!

Ananda, que estaba junto a Buda, no podía creer lo que había escuchado. Esperaba impacientemente que pasara el tiempo para poder reprocharle su incongruencia a Buda.

Ya entrada la tarde, llegó un tercer hombre, deseaba poder entrevistarse con Buda, su rostro era inocente, como un niño. Cuando vio a Buda le dijo lo siguiente:

– Por favor, puedes decirme algo acerca de la existencia de Dios.

Buda lo observó fijamente a los ojos y guardó silencio por un largo rato. El peregrino acompañó a Buda en ese silencio, y al cabo de un tiempo, tocó los pies de Buda, le agradeció profundamente y se marchó.

Ananda, que observaba la escena, estaba totalmente desconcertado.

Al caer la noche, Ananda se acercó a su maestro, y muy nervioso le dijo:

– ¡Por lo menos deberías tener respeto por tus discípulos y tratar de protegerlos! Vinieron tres personas y preguntaron lo mismo y a los tres les diste diferente respuesta ¿Por qué hiciste eso?

Buda exclamó:

– Ananda eres muy débil de mente. Considera lo siguiente:

La primer persona que vino a verme era un seguidor de numerosas doctrinas, muy religioso, muy conocido en la ciudad, hombre de gran prestigio y, así jamás podrá encontrar la verdad. Le dije que Dios no existe para que pueda buscar en lo más profundo de su ser y encontrar la existencia de Dios en él.

La segunda persona, que era un ser ateo, muy duro consigo mismo. No aceptaba nada, sólo su única verdad, y una persona así nunca podrá encontrar su camino. Por eso le dije que Dios existía, para que pueda buscar en su ser y luego se manifieste en él la verdad Divina.

El tercer hombre, era un ser muy inocente, meditativo, buscador incansable de la verdad. Cuando vi sus ojos reflejaban un niño, hice un gran silencio, entonces, el me interpretó y me acompañó en silencio. Allí, en su ser más profundo, pudo encontrar a Dios, se sintió muy contento y agradecido, por eso tocó mis pies, me abrazó y se marchó.

Ananda, dijo finalmente Buda:

-No existe en el universo una verdad absoluta. Aunque no lo creas, lo que ahora ves blanco más tarde lo verás negro. Cuando te ves en el espejo por la mañana tu cara refleja una realidad y cuando te observas en la noche, estando cansado, tu cara refleja otra.

Tomado del libro: “Un instante en la vida de Buda”.

También en CAMBIA TU MUNDO: «La identidad de Buda: Cuento zen».

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